martes 8 de febrero de 2011

Borrador. Intento. irme. intento dejar.


Se acomoda el vestido blanco.
Ha tendido la cama. Se ha lavado los dientes, el esmero del baño, los jabones con olores a frutas. Las pestañas bien rizadas y el maquillaje favorito. Un poco de brillo en los labios.
Ha abierto la ventana su ropa está limpia y ordenada. Ha quemado los cuadernos y los poemas. Le escribe a Joao y le indica que sucederá con cada cosa. Pide que rieguen las plantas y que no se molesten en necropsias o culpables.
Se cepilla el cabello. Suspira y comienza en la cocina. Un frasco, un frasco, un frasco…
No se resiste a Madredeus. No hay nada de dramático en el asunto, nada más no usó una cuerda ni hubo sangre, para evitar un impacto mayor en quien la encuentre.
No pide disculpas ni comprensión. Estaba cansada, no hay mayor justificación. Finito, hubiera dicho Luis. Y no piensa en nadie más sabe que los amigos no juzgarán, se reunirán para brindar y en tres minutos habrán olvidado.
La culpa no existe. Y no se remuerde por nada. Quizá piense un poco en la madre, pero ella también se auto consolará y seguirá de frente.
Llega ante el espejo: otro frasco, Otro frasco.
Unas gotas del liquidito recomendado en el libro, se siente como una Alicia. Tome un sorbito. Se hace grande y pequeña. Encontró la solución en un libro. No Internet, libro.
Sabe que está muriendo, no olvido ponerse las monedas en la mano –Joao, sabrá que hacer-. No olvido la foto , ni el libro y la cruz para la suerte.
Se deshace, se pierde… es una esponja llenándose de aire, de nada, cambiando a la levedad…. El movimiento la encoge, la lleva a través de si misma, se vierte en sí, se arruga dentro de ella, se vuelca hacia su estomago, se hace un punto y comienza a circular por sus venas un tubo ahora incandescente, avanza hacia el origen se hace viscosa y fluye por entre canales de piel, una espesura azul, un pedazo amarillo, un dolor rojo, el tirón que le da el grito, el suspiro que la oye respirar, entonces clama y su voz es mi voz y lloramos juntas ella de tanto morir yo en pleno pulmón de vida.
Sé bien que esta aquí unida al primer pedazo intentando morirnos en el último.
Y ella lo intentará, quince frascos y yo despertaré de su muerte frustrada y ensayada y ella llorará en la esquina de alguna de mis retinas y estaremos unidas en el sueño donde la muerte es más que volver a mi sueño de vida y donde vivo para dejar de soñar que intento morir…
Entonces no habrá mayor tensión cada quien se habrá separado lo suficiente para que la vida sea vida y la muerte se cumpla con las flores amarillas en cierto día del año y con las monedas entregadas en una mano que sólo te cubrirá los ojos para que todo acabe.

Nos acomodamos el vestido blanco. respiro, intento. Un frasco, uno más....